jueves, 28 de mayo de 2015

EXCESOS DE UNA FAENA TRIUNFAL (Crónica 20ª de San Isidro 2015)




Puerta grande para Sebastián Castella y vuelta al ruedo para “Jabatillo” de Alcurrucén. Emoción y excesivos premios.



Madrid. Plaza de toros de Las Ventas.
Feria de San Isidro 2015. 20ª de feria.
Toros de Alcurrucén para los diestros:
-       Morante de la Puebla: silencio y pitos.
-       Julián López “El Juli”: silencio en ambos.
-       Sebastián Castella: DOS OREJAS y silencio. PUERTA GRANDE
Entrada: Lleno de “No hay billetes”

Los toros lidiados:
·         Primero. “Alcotán” Nº 154, ensabanado de 542 kilos (Pitos)
Manso, descastado y sin celo.
·         Segundo. “Peleón” Nº 36, negro de 564 kilos (Pitos)
Mal presentado, anovillado y descastado. Manso, sin picar y rebrincado.
·         Tercero. “Jabatillo” Nº 145, colorado de 525 kilos (VUELTA AL RUEDO)
Buen toro. Manso en varas, noble y codicioso en la embestida, encastado y con muchísimo fondo. Tremendo en el último tercio.
·         Cuarto. “Barberito” Nº 83, colorado de 553 kilos (Leves pitos)
Manso, descastado y noblón. Apenas pudimos verlo en el último tercio.
·         Quinto. “Limonero” Nº 167, colorado de 543 kilos (Silencio)
Justo de presencia, manso, flojo y descastado.
·         Sexto. “Flautista” Nº 16, colorado anteado de 536 kilos (Pitos)
El peor del encierro. Terriblemente manso, descastado y con la cara por las nubes.


Faena grande la de Sebastián Castella y toro enorme el de Alcurrucén, de nombre “Jabatillo” al que premiaron de forma excesiva con la vuelta al ruedo, como también fuera exagerada la segunda oreja a Le Coq, tras enterrar los aceros en los bajos, como así pasara la semana pasada ante el gran Lenguadito, de la ganadería del Torero.

Todo ello ocurrió en el ecuador de la tarde, tras el petardo continuado de Morante y los arreones de Julián al novillo que hizo segundo. Salió entonces Jabatillo para poner orden y dar categoría a la feria, porque regaló las embestidas más claras, humilladas y profundas de las tediosas veinte tardes que llevamos a los lomos. Humillado desde capote, suelto en los primeros tercios, sin cumplir en varas (ni por asomo) y acometiendo codicioso y alegre a la muleta templada y rastrera del francés, que puso la plaza boca abajo en un torerísimo y “personal” empiece en los medios. Cuando ya le gritaban el famoso “otra vez la misma Castella” se creció para reventar la plaza con numerosas trincherillas mandadas y encajadas por ambos pitones, con los tendidos puestos en pie buscando el remate final de la interminable, armónica y brutal tanda de inicio.

Entonces se encargó el francés de llevar largo, profundo y toreado al gran Jabatillo, con unos naturales estupendos en la segunda tanda, largos y encajados, obligando por bajo al animal, que no paró de embestir hasta el último momento. Bajó enteros la faena por la diestra, tirando más en línea del bicho, que seguía con el hocico surcando el ruedo venteño, y ganó de nuevo en un soberbio cambio de mano, enroscado y despacioso, que volvió a levantar a la parroquia.

Felices los tendidos y contento Sebastián, quien desplegó su mejor versión jamás vista en los últimos años. Lo anunciábamos en su anterior tarde, incluso en su faena al Juan Pedro de Sevilla, Castella estaba olvidándose de cercanías y arrimones, de populismo y aceleraciones. Sebastián realizó y cuajó al gran toro de los Lozano por ambos pitones, con más o menos gracia, con ligera o simple apatía, pero en ningún momento dudando en su obra. La pena o jugarreta vendría de nuevo con la espada, quedando baja y por tanto privando, si fueramos lo más mínimamente serios, de la segunda oreja. El palco se aceleró ante el fervor y contento de la gente y no tardó en asomar los dos moqueros blancos y el azul que otorgaba la vuelta al ruedo al tercero de los lozano, que no olvidemos manseó en varas y apenas fue picado en su segundo encuentro. Aún con esas enhorabuena por tan buen burel y por la emoción de esas sinceras arrancadas.

Supo el francés conducir la larguísima embestida del nuñez de adelante a atrás sin tocar, templado y mandado, e incluso con un gusto inusual en esos genuflexos y torerísimos muletazos por bajo en el cierre de faena. Un gusto será volver a verlo con los Adolfo, su gran cita de este San Isidro.

Con el cierraplaza apenas pudo mostrar disposición y querer. Animal manso como toda la corrida, que no humilló nunca y protestó punteando en los engaños del diestro. De nuevo el bajonazo hace que pensar en la voluntariedad de esas espadas.

Morante mostró el mismo respeto que voy a guardarle yo en estas líneas. Siguente.

Y Julián sigue queriendo buscar su transformación en Madrid. De nuevo vi ese querer erguirse más de la cuenta para agradar al aficionado protestón, y con ello los temibles latigazos de una muleta poderosa y de mano baja que no acaba de conseguir sin su retorcido habitual. Poco o nada se puede destacar de su tarde, solo recuerdo algún trallazo en el capote a su segundo por bajo y dos julipiés certeros y saltarines a ambos toros. En Beneficencia tendrá que apretar si no quiere pasar su año madrileño en blanco.

Y esto fue lo más destacado del cartel más clavelero de todo san Isidro, Gran entrada, ambientazo en los exteriores y pobre condición de los nuñez, que fueron salvados por un gran Jabatillo, premiado tras seis años con la vuelta al ruedo en Madrid, que no dejará indiferente a nadie.

Un saludo

Borja González.

1 comentario:

Gonzalo Ramos Aranda dijo...

LA FRAGANCIA DE CASTELLA

“Una faena en la cumbre, quiera Dios se haga costumbre.”

Vigésima la corrida,
que San Isidro decida,
en histórico festejo,
gran cartel, del sol reflejo.

Sebastián, ¡viva la Francia!,
dio muestra de su fragancia,
en Las Ventas, fue Castella,
torero de digna estrella.

Vestido, tabaco y oro,
santiguado fue su imploro,
muy formal, fiel paseíllo,
soñando en el propio brillo.

Astado serio, sincero,
de la tarde fue el tercero,
cuernos altos, colorado,
bella estampa, asaz armado.

“Jabatillo”, se llamaba,
raza fuerte, estirpe brava,
los genes al cien por cien,
divisa de Alcurrucén.

Capote pulcro, educado,
con tersura dibujado,
“chicuelina” pinturera,
suave media a la cadera.

Varilargas son las jaras,
polémico tercio, varas,
verónicas en el quite,
arte joven se transmite.

Que decir de la muleta,
tela roja cual veleta,
faena por naturales,
suertes espectaculares.

Público puesto de pie,
de tal magia me apropié,
con ambas manos, maestro,
¡que zurda, del galo diestro!

Un fino lance cambiado,
molinete destacado,
trincherillas, el desprecio,
pases que no tienen precio.

Con ritmo, profundidad,
la templanza sin piedad,
largueza de cabo a rabo,
en mi memoria lo grabo.

El deseo del ganadero,
dualidad, toro, torero,
hermanados en la lidia,
entregados, sin perfidia.

Toro que humille, que embista,
que nunca pierda la pista,
que tenga un tranco de más,
que muestre siempre esa faz.

Y, un hombre, torero, esteta,
tauromaquia de etiqueta,
que conduzca acometida,
de manera muy sentida.

Cóncavo, feliz, convexo,
final, genial, genuflexo,
matador tozudo, exalto,
estoconazo, en lo alto.

Toda tienta así germina,
ser humano, adrenalina,
vuelo de pañuelos blancos,
tendidos, aplausos francos.

Presidente justiciero,
par de orejas, premio entero,
“Jabatillo”, vuelta al ruedo,
arrastre despacio, quedo.

Finca del “Egido Grande”,
pasto verde que se expande,
Pablo Lozano Martín,
este triunfo buen festín.

Por el peto, por la espada,
dos “peros” que no son nada,
como la nube que empaña
el astro de la mañana.

Puerta grande bien lograda,
española tan deseada,
un francés que sale a hombros,
que no cesen los asombros.

En Madrid se toca el cielo,
toreando con mucho celo,
surtió efectos la oración,
Castella, en su mejor versión.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
México, D. F., a 27 de mayo del 2015
Reg. SEP Indautor No. (en trámite)