domingo, 5 de abril de 2015

EUGENIO DE MORA, OREJA AL NATURAL (Crónica Domingo Resurrección en Madrid)



Foto: Álvaro Marcos 


GRAN FAENA DEL TOLEDANO, QUE VUELVE A PUNTUAR EN MADRID. VUELTA AL RUEDO PARA BARRIO EN OTRA BUENA FAENA.

Madrid. Plaza de toros de Las Ventas.
Segunda de la temporada. Domingo de Resurrección.
Toros de Martín Lorca (1º, 4º y 5º) y Martín Escribano para:
-       Eugenio de Mora: saludos tras aviso y oreja tras aviso.
-       Pepe Moral: saludos y silencio.
-       Víctor Barrio: palmas y vuelta al ruedo tras petición.
Entrada: Media plaza.

Nota: Aplaudido Luciano Briceño por picar al tercero. También ovacionada la lidia de Jarocho.

Los toros del Domingo de Resurrección:
·         Primero. “Osado” Nº 53, colorado de 505 kilos. (Silencio)
Bien presentado. Manso, reservón pero con emoción en las embestidas. Flojo.
·         Segundo. “Limonero” Nº 69, colorado de 546 kilos (Silencio)
Terciado, manso e inválido. Nulo de casta.
·         Tercero. “Consentido” Nº 72, jabonero sucio de 510 kilos (Pitos)
Guapo y con motor en los inicios. Flojea y acaba viniéndose muy a menos.
·         Cuarto. “Quillo” Nº 15, negro salpicado listón de 502 kilos (Ovación)
Tapado por cara y pechos. Manso, noble y con boyantía. Excesiva ovación.
·         Quinto. “Humorista” Nº 12, castaño de 576 kilos (Pitos)
Un mulo con una horrenda cornamenta. Manso, descastado y vacío.
·         Sexto. “Ilusionado” Nº 65, negro bragado de 596 kilos (Pitos)
Bien presentado, muy manso y con nobleza en el último tercio.

Domingo de Resurrección en Madrid, día de oportunidades y triunfadores, tarde perfecta para salir reflotado a principios de temporada, para firmar contratos y subirse al carro del 2015. Una pena que la corrida desigual de presencia y descastada de Martín Lorca no pusiera su granito de arena en ello. Tres toreros que volvían a Madrid por méritos propios, sin enchufe alguno como viene pasando, y que nos dieron una agradable tarde de toreo, que no de toros, porque de eso hubo poco en la segunda de temporada.

Tres conceptos muy distintos pero que agradaron a la parroquia venteña. Encantó el sentir de Eugenio, esos naturales desmayados y ese cite a la distancia volvió loco a más de uno. También gustó la proyección de Pepe Moral, al que apenas pudimos ver nada. Y a mi personalmente me encantó el concepto tan puro, fresco y vertical de Victor Barrio, del que sigo esperando mucho en este 2015. Porque a pesar de la mala y floja corrida de Lorca pudimos ver toreo bueno, del que nadie discute y todos reclaman.

Eugenio de Mora volvió a puntuar, y de qué manera, en la capital del toreo. De nuevo sus años de veteranía y ese gusto personal que atesora el toledano conquistaron los tendidos más duros y exigentes del panorama taurino mundial. Madrid entera se rendía a las formas y el buen hacer de un torero que pide paso entre los grandes, porque condiciones tiene para ello, cojones para enfrentarse a lo que le echen también, y el gusto y personalidad hoy ha quedado más que demostrado.

Llegaría con el cuarto de la tarde, un toro feo y mal proporcionado de una vacada que necesita un descanso largo por esta plaza. Faena de Madrid, de torero inteligente y conocedor del gusto capitalino, el de las distancias, tiempo y formas. Porque estuvo casi perfecto en todo momento, sin obligar al boyante ejemplar de Lorca en su empiece, y luego apretando por bajo, y muy encajado por ambos pitones, al serio cornúpeta. Superiores los naturales, sentidos y rematados por bajo, sin doblar un ápice la figura, sintiendo el toreo y mandando sobre la “fiera”. Lo que es el toreo vaya. Las voces de aprobación y ánimo llegaban de lugares insólitos. “Qué natural Eugenio” gritaban del 8. “Asi, así desmayado” desde el bajo del 7. Madrid contenta, Madrid rugiendo cuando el de Toledo desmayaba la figura y templaba con un sabor distinto y puro al domecq. Grande faena y grande la oreja que cortaría, de unánime petición, de las que pesan y valen contratos.
Anteriormente dejó también detalles con el abreplaza, un serio colorado, manso y de acometida algo descompuesta. Llegó con fuerza la embestida de Osado, que pidió en todo momento mano baja y hombría. Se crecía como toro encastado cuanto más abajo colocaba la muleta Eugenio, y se paraba dudando y con miradas cuando la franela no llegaba a su hocico. Mucho que tocar e interesante lucha para abrir boca.

Barrio pudo cortar sobradamente la segunda oreja de la tarde ante el serio sexto. Animal de más peso de la corrida, guapo de cara, tocado de pitones y con hondura en su cuerpo. Manso, abanto y aburrido en los primeros tercios, donde aguantó tres señoras y fuertes varas. Fue entonces cuando Victor se plantó en el 9, para realizar una faena de asentamiento y verticalidad en apenas metro cuadrado. Sin pensárselo se dispuso a torear por derechazos, infinitamente largos y ceñidos, sin quitar la muleta del hocico del toro, para evitar su salida a tablas. Madrid se convencía y Barrio se crecía, cruzándose al pitón contrario, desafíando a toro y público, en un alarde de poder y hombría. Buscaba el sitio perfecto para la embestida del manso, que tragaba con nobleza una y otra vez. Faltó el tiempo y espacio que Eugenio, por veteranía, si dio a sus toros. El fallo con el descabello tras una espada algo suelta y la última tanda de muletazos enfriaron la petición de una oreja que por poco no consiguió.
Con el tercero apenas pudo mostrar ganas. Desde salida se quedó como un palo en el centro del ruedo, tragando las coladas del jabonero, guapo  e inválido que le tocó en suerte. La rectificación al tercio y las verónicas siguientes calentaron los tendidos, que estuvieron cariñosos en todo momento con los acartelados. Vislumbramos también buenas formas y un despacioso temple en la muleta del de Sepúlveda. El inválido “consentido” no ayudó al triunfo.

Y Pepe Moral quedó totalmente inédito en su primera de la temporada. Sorteó el lote más extremo por hechuras y completo por falta de fuerza y casta. El material fue demasiado escaso para decir algo en Madrid. No gustaron tampoco sus formas perfileras de citar al toro, pero si volvió a sorprender la facilidad con la que acaba el muletazo detrás de la cadera, y esa mano izquierda tiene mucho aún que decir. Seguro que en San Isidro, y si la suerte le acompaña, veremos a otro Pepe Moral.
Aún así dejó la mejor estocada de la tarde, fulminante. Apenas tardó diez segundos el animal en caer sin puntilla, lo que le valió el saludo desde el tercio más que merecido.

Y con esto finalizó la segunda corrida de toros en Madrid. El domingo que viene volverán las novilladas previas a San Isidro, con un encierro de Sanchez Herrero.

Un saludo
Borja González


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