domingo, 8 de febrero de 2015

"JUAN, NO VUELVO MÁS" (Crónica de la 2ª Valdemorillo 2015)




Foto: Javier Arroyo.

GANADO DE SALDO EN LA PRIMERA CORRIDA DE VALDEMORILLO 2015


Valdemorillo. Plaza de toros de la Candelaria.
Sábado 7 de febrero de 2015. 2ª de feria.
Toros de La Dehesilla y José Luis Pereda (3º, 4º y 6º) para:
-       Curro Díaz: saludos y palmas.
-       Eduardo Gallo: Vuelta al ruedo tras leve petición y silencio.
-       Arturo Saldivar: saludos y silencio.
Entrada: Más de dos tercios.


Los toros lidiados en el día de hoy:
·         Primero. “Dormilón” Nº 146, Negro de capa. (Silencio)
Mal presentado. Chico, flojo y de borregada embestida.
·         Segundo. “Hurano”, Nº 144 Castaño (Palmas)
Muy mal presentado. Terciado, anovillado, boyante y flojo.
·         Tercero. “Paleto”, Nº 102 Negro mulato (Silencio)
Mal presentado. Sin remate, manso, gazapón y con la cara alta.
·         Cuarto. “Petanca” Nº 98 Castaño (Pitos)
Anovillado y sin cara, lastimado y sin fondo alguno.
·         Quinto. “Charco” Nº 149 Negro (Pitos)
Más alto y rematado, manso, sin fondo y huidizo.
·         Sexto. “Encendedor” Nº 51 Castaño (Leves pitos)
Excesivamente lavado de cara. Tuvo algo de picante y no fue sometido. Manso.

Nota: Toda la corrida recibió un puyazo, en mayor o menos medida. A muchos de ellos ni les metieron las cuerdas. Monopuyazo y simulacro una vez más.

“Juan, que sepas que los 50 euros al año que viene nos lo gastamos en una buena cena en fiestas”. Esa fue la orden que una mujer de la localidad hacía a su marido bajando las escaleras de los tendidos de la plaza de La Candelaria. Aficionados o no, lo que está claro es que debemos cambiar el rumbo de esta fiesta si queremos consolidarla para los años venideros. No podemos permitir que como esa señora, año tras año la gente salga aburrida, descontenta y sin ganas de volver a pisar una plaza de toros. Todo ello debido a un espectáculo monótono, largo y sin sentido, carente de emoción y gallardía. ¿En que estamos convirtiendo esto?

Participe de ello fue la bochornosa e irrisoria corrida que nos colaron en la plaza de toros de Valdemorillo. Gatada monumental de la familia Pereda, ante el asombro de pocos y el consentimiento de muchos. Una verdadera pasarela de animales indefensos, poco comidos, de cortas y cómodas defensas y borreguil y mansa condición. Una “novillada” de cualquier plaza de la sierra madrileña, como así creyó por momentos el toricantano Victor Barrio, que tuvo algún lio según comentan en los micrófonos del plus.

La frialdad y pasotismo se apoderó de los tendidos en el momento que salía el primero de la tarde, y asi nos mantuvimos hasta el final del festejo, sin dar importancia alguna al tentadero que presenciábamos ante nosotros. Iban pasando los animalejos de “nuñez” por el duro ruedo madrileño, y uno a uno fueron manifestando la falta de fuerzas ya desde los primeros tercios. La afición permaneció paralizada durante la mitad inicial de la corrida. Nos la estaban colando y allí nadie decía nada. Fue a partir del cuarto cuando la cosa comenzó a cambiar y los pitos y críticas resonaron desde los tendidos de la cubierta, que hoy cubría los dos tercios de cemento pese a la coincidencia horaria con la catástrofe merengue ocurrida a orillas del Manzanares.

Y si desastroso fueron los cornúpetas no menos fue la actuación de los diestros. Vimos a Curro Díaz realizando la famosa “NeoTauromaquia 2.0”, la del cite de culo, pierna retrasada y ligazón como idea principal en todo esto. ¿Dónde queda ese toreo puro y natural? Animoso con el capote y fácil con la franela, a destacar un encajado derechazo en la primera serie, el único que verdaderamente fue en redondo y mandado. Luego se encargó de estropearlo a base de cites periféricos, mala colocación y fallo con el acero.
Con el inofensivo cuarto nos regaló varios lances de recibo con poder y aroma andaluz. Tras un picotazo y una espectacular voltereta en el inicio del último tercio todo se vino abajo, abreviando con un cuchillazo  para el “alivio” de los espectadores.

Otro que estuvo verdaderamente mal fue Eduardo Gallo, al que todavía no perdono sus dos toros de Pedraza en San Isidro 2013. Fichado por el empresario y puesto en la primera feria del año con la excusa del “ya estoy preparado”.  
Dio la única vuelta al ruedo tras pasaportar al menos malo de la Dehesilla. Bueno fue el recibo a pies juntos y salvable aunque eléctrico el quite por chicuelinas. Llegó la muleta y la cosa pareció enfriarse. El poco trapío del bichejo quitó importancia a un trasteo mecánico, largo pero poco profundo, muy venido a menos al natural, donde bajó considerablemente el tono de la faena. Encimista en su epílogo y efectivo con la tizona aunque debiera reflexionar del por qué la gente no pidió las peludas.
El quinto pareció el hermano mayor del encierro, más alto montado y de agradable cara, aunque de interior huidizo, manso y bobalicón. Tras un buen puyazo de Tito y una aceptable lidia llegó a la faena de muleta con trote cansino y mirada perdida, sin celo y desentendido de cualquier orden humana. La pesadez del charro hizo que sonaran los primeros pitos de las gradas, que pedían a gritos acabar con el sopor de la tarde, mientras este jugueteaba con el de La Dehesilla al gato y el ratón. Bajonazo y a casa.

Para cerrar el sábado Arturo Saldivar, sin duda el peor de los tres. Perdido en sus muletazos y sobrepasado por el complicado sexto, que fue el único que puso algo de picante a la tarde, en una intensa primera vara, en la que desplazó al jaco varios metros con la cara alta. Sin recursos en sus muñecas, frio como el tiempo y adormilado seguramente por el jet lag, ya que acababa de aterrizar como quien dice en Madrid ese mismo día. Que sigan buscando las virtudes de este mexicano porque yo ando algo perdido.

Por todo esto solo nos queda tener la confianza puesta en Cebada mañana, con expectación desde el encierro matinal, por su conocida peligrosidad. Enviados seis toros negros y uno cárdeno, el único cuatreño. Esperamos que la casta y la presencia vuelvan a poner a Valdemorillo donde se merece, y que las pamplinas de algunos periodistas caigan en el olvido.

Un saludo
Borja González.


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